domingo, 3 de mayo de 2026

Dios sana a su tiempo



En tiempos donde la enfermedad y la aflicción parecen multiplicarse, el corazón humano vuelve a expresar la misma necesidad que se veía en los días de Jesús de Nazaret: la búsqueda desesperada de sanidad, alivio y esperanza. Así como multitudes acudían a Él esperando un milagro, hoy muchas personas se acercan a las iglesias con la fe puesta en que Dios puede intervenir en sus vidas. Esta necesidad es real y profundamente humana, pero también ha abierto la puerta a un fenómeno preocupante: la aparición de supuestos sanadores que, aprovechándose del dolor ajeno, prometen curaciones inmediatas que no siempre se cumplen.

Este escenario puede generar confusión y hasta desilusión en quienes anhelan una respuesta divina. Sin embargo, es importante entender que el hecho de que existan engaños no invalida la verdad de que Dios sigue siendo poderoso para sanar. La fe cristiana no está fundamentada en hombres, sino en un Dios soberano que actúa conforme a su perfecta voluntad. Los milagros no son producto de fórmulas humanas ni de espectáculos, sino manifestaciones de la gracia divina en el tiempo y la manera que Él dispone.

La Biblia muestra claramente que no todos los que buscaban sanidad en tiempos antiguos la recibían de la misma manera ni en el mismo momento. Aun en medio del ministerio de Jesús, donde abundaban los milagros, también había enseñanzas sobre la fe, la perseverancia y el propósito eterno de Dios más allá de lo físico. La sanidad del cuerpo es una bendición, pero la sanidad del alma sigue siendo la obra más profunda y transformadora.

Por eso, el creyente está llamado a mantener una fe firme, pero también discernimiento. No todo el que promete viene de parte de Dios, y no todo silencio divino significa ausencia de su poder. A veces, en medio del dolor, Dios está obrando de formas invisibles, fortaleciendo el espíritu, moldeando el carácter y acercando el corazón a Él.

En lugar de poner la mirada en hombres, es necesario volver a la fuente verdadera: Dios mismo. Él sigue siendo el mismo, ayer, hoy y por los siglos. Sana cuando quiere, como quiere y a quien quiere, pero siempre con un propósito que trasciende lo temporal. En medio de una generación que busca respuestas rápidas, la fe genuina aprende a esperar, a confiar y a descansar en la certeza de que Dios nunca pierde el control y que su voluntad, aunque a veces incomprensible, siempre es perfecta.

Compilado

sábado, 2 de mayo de 2026

Dios quiere renovar tu vida

 

Con respecto a la vida que antes llevaban, se les enseñó que debían quitarse el ropaje de la vieja naturaleza, la cual está corrompida por los deseos engañosos; ser renovados en la actitud de su mente; y ponerse el ropaje de la nueva naturaleza, creada a imagen de Dios, en verdadera justicia y santidad. Efesios 4:22-24 (NVI)

Reflexión: No puedes usar ropa nueva sobre la sucia.

Hola, quiero que nos imaginemos una situación muy cotidiana. Imagina que llegas a tu casa después de un día de trabajo pesadísimo. Vienes cansado, sudado y lleno del polvo de la calle. Te metes a bañar, el agua te refresca, te limpia por completo... pero cuando sales de la ducha, en lugar de ponerte ropa limpia, vas y te pones exactamente la misma ropa sucia y maloliente que trajiste puesta todo el día. ¡Es absurdo! Nadie en su sano juicio haría algo así, ¿verdad?

Sin embargo, si somos completamente honestos, espiritualmente eso es exactamente lo que hacemos muchas veces. Venimos a los pies de Cristo, le pedimos que nos perdone, Él nos limpia con su gracia y nos regala un comienzo nuevo. Pero al salir a enfrentar nuestra rutina diaria, nos volvemos a poner nuestra "ropa vieja". Seguimos usando el mismo lenguaje de queja, reaccionamos con el mismo enojo explosivo cuando algo nos sale mal, seguimos guardando esos rencores viejos y alimentando los mismos miedos. Queremos disfrutar de las bendiciones y la paz de una vida nueva en Dios, pero nos negamos rotundamente a soltar las costumbres de nuestra vida vieja.

El apóstol Pablo nos habla hoy con una claridad que nos confronta y nos despierta. Él nos recuerda que la renovación que Dios quiere hacer en tu vida no es algo que ocurre por arte de magia; requiere tu participación activa. Dios te regala la "ropa nueva", pero eres tú quien tiene que tomar la decisión diaria e intencional de quitarte la vieja.

No puedes ponerte la paz de Dios por encima de tu necesidad de controlarlo todo. No puedes ponerte el perdón de Cristo por encima de tu orgullo herido. Tienes que despojarte de uno para poder vestirte verdaderamente del otro. Y el secreto para lograrlo está en el centro del versículo: "ser renovados en la actitud de su mente". Hoy te invito a que revises tu clóset espiritual. Es hora de tirar a la basura esas actitudes, mañas y pensamientos que ya no encajan con el hijo o la hija de Dios que eres ahora. ¡Atrévete a vestirte de esa nueva naturaleza y permite que Dios renueve tu vida desde adentro hacia afuera!

Aplicación 

Para que esta renovación se vuelva una realidad palpable en tu día, te animo a poner en práctica estos tres pasos:

Identifica tu "ropa vieja": 

Sé brutalmente honesto contigo mismo hoy. ¿Cuál es esa actitud o hábito (chisme, pesimismo, estallar de ira rápido) que sigues usando aunque sabes que frena tu crecimiento espiritual? Ponle nombre hoy mismo.

Cambia el chip mental en el momento exacto:

Cuando sientas la tentación de volver a reaccionar con esa vieja actitud, haz una pausa obligada de tres segundos. Respira y dite a ti mismo: "Esa ya no es mi naturaleza, no tengo por qué reaccionar así".

Ponte la ropa nueva de inmediato:

Reemplaza la mala acción con una contraria que honre a Dios. Si tu primer instinto iba a ser criticar a alguien, oblígate a buscar algo genuino para elogiarlo. Vístete de gracia a través de acciones reales y prácticas.

Quiero recordarte que los cambios profundos y duraderos no ocurren de la noche a la mañana, pero valen absolutamente la pena. Dios está inmensamente comprometido con tu crecimiento, y no te exige que lo hagas con tus propias fuerzas; para eso te ha dado a Su Espíritu Santo. 

No te desanimes ni te castigues, si a veces te equivocas y te vuelves a poner una "prenda vieja". Si eso pasa, quítatela rápido, pide perdón a Dios, y sigue caminando. ¡Tienes un guardarropa espiritual nuevo esperándote cada mañana! Te envío un abrazo lleno de fuerza, y declaro que hoy será un día de renovación total para tu vida.

Compilado

martes, 28 de abril de 2026

Pompeya

 



En un artículo consagrado a los “Últimos días de Pompeya”, el director de las investigaciones arqueológicas en Campania (Italia), reconstituye los acontecimientos que se desarrollaron el trágico día del año 79 DC en que la ciudad de Pompeya fue sepultada bajo capas superpuestas de cenizas y escombros.

Entre otras cosas escribe: “Muchos habitantes, en particular, los de clase acomodada, rehusaron abandonar sus hermosas residencias y sus preciosas posesiones. Se refugiaron en ellas, esperando a que la ola de horror pasara. Su decisión les costó la vida. La capa de cenizas lo sepultó todo. Pompeya murió”.

Esos terribles acontecimientos son poca en comparación con lo que aguarda el mundo entero en este año o quizás el próximo, no lo sabemos. La Biblia nos enseña en 2 Pedro 3:7: “Los cielos y la tierra que existen ahora, están reservados por la misma palabra, guardados para el fuego en el día del juicio y de la perdición de los hombres impíos” y en el versículo 10 dice: “Los cielos pasarán con grande estruendo y los elementos ardiendo serán deshechos y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas”.

Todavía es el tiempo de la gracia. Cualquiera que sea su creencia acerca de Dios, sería bueno acercarse a la única revelación verdadera escrita para todos nosotros en la Sagrada Escritura.

“El Señor…es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. (2 Pedro 3:9)

Acepte hoy esa salvación gratuita y eterna.

La Buena Semilla


Dios sana nuestro espíritu


En nuestras vidas pasamos por muchas enfermedades físicas, la edad y el desgaste de nuestro cuerpo imperfecto que con el tiempo hace que cada vez se evidencien más en nuestra humanidad imperfecta. 

Algunos resignados aceptan las enfermedades otros sufren esas enfermedades. Lo cierto es que hay enfermedades que nos traen mucho dolor y sufrimiento tanto espiritual como a nuestra familia que nos ama y debemos saber sobrellevarlas con el consejo y la sabiduría que viene de Dios.

PROVERBIOS 4:20-22 RVR1960 [20] Hijo mío, está atento a mis palabras; Inclina tu oído a mis razones. [21] No se aparten de tus ojos; Guárdalas en medio de tu corazón; [22] Porque son vida a los que las hallan, Y medicina a todo su cuerpo.

Pongamos nuestra atención en las enfermedades del espíritu/alma. Son muchas las razones por las cuales se tiene un espíritu/alma enferma:

Cuando tu espíritu está enfermo tu alma esta quebrantada

Salmo 34:18 "cercano está Jehová a los quebrantados de corazón" 

Proverbios 17:22 "el espíritu triste seca los huesos";

Por el pecado que hay en ti, Salmo 51:17;

Por el pecado de otros, Salmo 55:12-14; 

Por vivir en un mundo caído, Romanos 8:22;

Cuando tu espíritu anda angustiado, 1 Samuel 1:15 "yo soy una mujer atribulada de espíritu" 

2 Corintios 7:5 "de fuera, conflictos; de dentro, temores" ;

Por las pruebas que estas pasando, Stg 1:2; 

Por tus sentimiento de culpa, Sal 32:3-4;

Por el endurecimiento de tu corazón Hebreos 3:13 "ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado";

Por el pecado no confesado, 1 Juan 1:9

Por tu incredulidad, Hebreos 3:12

Por un espíritu contaminado, 2 Corintios 7:1 "limpiémonos de toda contaminación de carne y de espíritu";     

Por el pecado original remanente más el pecado actual, Romanos 7:17, Santiago 1:14-15

Dios sana nuestro espíritu enfermo uniéndonos a Cristo por fe, aplicando la sangre de Su cruz mediante la Palabra, con el Espíritu Santo, en la oración, participando de los sacramentos y la comunión en la iglesia, para que amemos a Dios con corazón, alma, mente y fuerzas.

LUCAS 10:27-28 RVR1960 [27] Aquel, respondiendo, dijo: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo. [28] Y le dijo: Bien has respondido; haz esto, y vivirás.

Hasta el día que lo glorifique, 

FILIPENSES 1:6 RVR1960 [6] estando persuadido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo;

Basta con revisar la palabra de Dios en la Biblia para darte cuenta y comprobar el poder que tiene para salvar y sanar nuestras enfermedades sobre todo la espirituales. Pero hoy mi interrogante para ti es, ¿Si te encuentras con una enfermedad grave, de que te vale sanar físicamente si espiritualmente seguirías enfermo? Cuando Jesús sanaba le decía a la persona, "ve y no peques más", él iba al verdadero problema de la enfermedad que era la enfermedad espiritual. 

Jesús sanó a un paralítico que se encontraba en el estanque de Bethesda con una enfermedad que llevaba por casi 38 años, pero su verdadera enfermedad era espiritual.

JUAN 5:14 RVR1960 [14] Después le halló Jesús en el templo, y le dijo: Mira, has sido sanado; no peques más, para que no te venga alguna cosa peor. ‬

Para eso vino Jesús al mundo, para sanar nuestras enfermedades, principalmente las espirituales. Cuando permanecemos creyendo en Jesucristo, en su amor, su poder sanador obra en nuestras vidas.

JEREMÍAS 17:14 RVR1960 [14] Sáname, oh Jehová, y seré sano; sálvame, y seré salvo; porque tú eres mi alabanza.

Un nuevo amanecer

lunes, 27 de abril de 2026

El tiempo




El tiempo no mata las heridas. Lo que las cura es la valentía que tenemos para enfrentarlas porque podremos esperar mil años pero si no tenemos el coraje de mirar hacia adentro de nosotros, el dolor va a seguir ahí. Sanar es una decisión, no una cosa del calendario.

Rodolfo Ugarte

El cielo entero a tu favor


  «A los elegidos... según el conocimiento previo de Dios el Padre, mediante la obra santificadora del Espíritu, para obedecer a Jesucristo y ser redimidos por su sangre: Que abunden en ustedes la gracia y la paz.»

1 Pedro 1:1-2 (NVI)

Familia, qué bendición tan grande es poder hacer una pausa en nuestras ocupaciones para conectar nuestro corazón con esta verdad. Hoy quiero hablarles de algo que a veces suena a "teología profunda" y nos parece lejano: la Trinidad. Pero la realidad es que es el abrazo más cálido y seguro que podemos recibir. A veces, la vida nos golpea tan fuerte que llegamos a pensar: "¿De verdad le importo a Dios? Con tantos errores que cometo, con esta ansiedad que no se me quita, o con mi mal carácter en casa... ¿Seguro que Dios no se ha cansado de mí?".

El apóstol Pedro nos responde hoy con una de las verdades más espectaculares de toda la Biblia. Él nos dice que tu salvación y tu vida no son producto de la casualidad ni un plan de última hora. ¡El cielo entero se puso de acuerdo para rescatarte! Piensa en esto como el equipo de rescate más perfecto y amoroso que pueda existir: Dios el Padre te pensó, te amó y te eligió desde antes de que nacieras; Él diseñó el plan para que volvieras a casa. Jesucristo, el Hijo, no se quedó de brazos cruzados, sino que bajó, ensució sus manos y pagó el precio más alto con su propia sangre para limpiar cada uno de tus errores y darte libertad. Y el Espíritu Santo no te dejó solo después de creer; Él es quien vive hoy dentro de ti, dándote la fuerza para no rendirte, limpiando tus intenciones y ayudándote a vencer esa tentación que a veces parece invencible.

Hermanos, esto cambia por completo la forma en la que vivimos. Cuando te sientas débil ante un problema económico, cuando sientas que no eres un buen padre o madre, o cuando sientas que tu fe se apaga, recuerda que no estás luchando solo a ver si "logras" salvarte. Tienes al Padre que te planeó, al Hijo que te compró y al Espíritu que te capacita todos los días. Si las tres personas de Dios trabajaron juntas para darte vida y esperanza, no hay absolutamente nada en este mundo que pueda arrebatarte de Su mano. Deja de vivir con miedo a fallar y empieza a caminar con la seguridad de alguien que está profundamente respaldado por el cielo.

Aplicación 

Para que esta verdad transforme tu día y no se quede solo en un conocimiento intelectual, te animo a poner en práctica estos tres pasos:

Descansa en el diseño del Padre

 Si hoy te sientes perdido o sin propósito, haz una pausa y repite: "Dios Padre me eligió y tiene un plan". Deja de tratar de controlar cada detalle de tu futuro y confía en el que ya escribió tu historia.

Recuerda tu valor en el Hijo

Cuando el enemigo, o tu propia mente, intenten recordarte tus pecados pasados o hacerte sentir que no vales nada, responde con la verdad: "Mi valor no lo define mi éxito ni mis errores, lo define la sangre de Jesús que me compró".

Haz equipo con el Espíritu Santo:

No intentes cambiar tus malos hábitos (como la queja, el enojo o la pereza) solo con tu fuerza de voluntad, porque te vas a cansar. Antes de reaccionar mal hoy, haz una oración rápida de un segundo: "Espíritu Santo, dame tú la paciencia y la fuerza que a mí me faltan en este momento".

Espero que hoy sientas un peso enorme caer de tus hombros. La salvación no se trata de tu propio esfuerzo desesperado por ser perfecto; se trata del trabajo perfecto de un Dios que te ama en tres dimensiones majestuosas. El Padre, el Hijo y el E. Santo están completamente comprometidos con tu bienestar y tu crecimiento espiritual. 

¡Así que respira profundo, sonríe y sal a vivir este día con una confianza arrolladora! Te mando un abrazo gigante, lleno de fe, y oro para que hoy la paz de Dios te acompañe en cada paso que des.

Compilado



miércoles, 8 de abril de 2026

El Dios que no cambia

 



A lo largo de la historia, muchas personas han cuestionado el actuar de Dios en el Antiguo Testamento. Algunos críticos sostienen que el Dios que aparece allí parece severo, especialmente cuando se narran juicios contra naciones paganas donde murieron hombres, mujeres y niños. Según esta perspectiva, ese actuar parecería incompatible con la imagen de amor y misericordia que se presenta de Dios en el Nuevo Testamento. A partir de esto surge una pregunta frecuente: ¿cambió el carácter de Dios?, ¿son dos dioses distintos el del Antiguo y el del Nuevo Testamento?, ¿debió Dios mostrar más compasión hacia aquellas naciones? 

Sin embargo, cuando la Biblia se estudia en su totalidad, se descubre que Dios no cambia y que su carácter es perfectamente coherente a lo largo de toda la Escritura.La Biblia afirma claramente que Dios es inmutable. En Malaquías 3:6 Dios declara: “Porque yo Jehová no cambio”. De igual manera, Hebreos 13:8 afirma que Jesucristo es “el mismo ayer, y hoy, y por los siglos”.

Esto significa que el Dios del Antiguo Testamento es el mismo del Nuevo Testamento. Su carácter incluye amor, pero también justicia, santidad y verdad. Cuando algunas personas perciben una diferencia entre ambos testamentos, generalmente se debe a que observan solo un aspecto del carácter de Dios y no su totalidad.En el Antiguo Testamento Dios es presentado como un Dios lleno de misericordia y paciencia. En Éxodo 34:6 se describe a Dios como “misericordioso y piadoso; tardo para la ira, y grande en misericordia y verdad”. 

A lo largo de siglos, Dios soportó la maldad de muchas naciones antes de ejecutar juicio. Un ejemplo claro se encuentra en Génesis 15:16, cuando Dios le dice a Abraham que su descendencia regresaría a la tierra prometida después de cuatro generaciones, “porque aún no ha llegado a su colmo la maldad del amorreo”. Esto muestra que Dios no actuaba de manera impulsiva ni cruel; al contrario, daba tiempo para el arrepentimiento.Las naciones que fueron juzgadas por Dios practicaban actos profundamente perversos según el testimonio bíblico y la evidencia histórica. Entre estas prácticas estaban la idolatría extrema, la inmoralidad sexual ritual, la violencia y, especialmente, el sacrificio de niños a sus dioses, como se menciona en Deuteronomio 12:31 y Levítico 18:21. Estas prácticas no solo corrompían a esas sociedades, sino que también amenazaban con contaminar espiritualmente al pueblo de Israel, que había sido llamado a ser un pueblo santo para revelar a Dios al mundo. Los juicios divinos contra esas naciones tenían también el propósito de frenar la expansión de esa corrupción moral y religiosa.Otro aspecto importante es que Dios siempre mostró misericordia incluso hacia los paganos.

La Biblia presenta numerosos ejemplos de personas no israelitas que recibieron la gracia de Dios. Rahab, una mujer cananea de Jericó, fue salvada junto con su familia por haber creído en el Dios de Israel. Rut, una mujer moabita, llegó a formar parte del linaje del rey David y finalmente del Mesías. El libro de Jonás muestra a Dios enviando un profeta a la ciudad pagana de Nínive para advertirles y darles oportunidad de arrepentirse. Cuando los ninivitas se humillaron, Dios tuvo compasión de ellos y no los destruyó. Estos ejemplos revelan que la misericordia de Dios nunca estuvo limitada a una sola nación.Además, el Nuevo Testamento también presenta a Dios como juez. Muchas veces se olvida que Jesús habló con claridad sobre el juicio final, el infierno y la condenación del pecado. 

En Mateo 25 se describe el juicio de las naciones, y en Apocalipsis se anuncian juicios divinos sobre el mundo. Esto demuestra que el Dios del Nuevo Testamento sigue siendo justo y santo. La diferencia principal es que, con la venida de Cristo, Dios manifestó de manera plena su plan de salvación, ofreciendo gracia y perdón a todos los pueblos mediante la obra redentora de Jesús.Por lo tanto, no existen dos dioses distintos ni un cambio en el carácter divino.

El mismo Dios que juzgó el pecado en el Antiguo Testamento es el que ofrece salvación en el Nuevo Testamento. Su amor no elimina su justicia, y su justicia no contradice su amor. Ambos atributos forman parte de su naturaleza perfecta. Cuando Dios ejecutó juicio contra ciertas naciones, lo hizo como juez santo frente a la maldad persistente, después de largos periodos de paciencia. Y cuando ofrece salvación al mundo en Cristo, lo hace movido por el mismo amor que siempre ha tenido por la humanidad.

La Biblia, en su conjunto, presenta un mensaje coherente: Dios es santo y no puede tolerar el pecado indefinidamente, pero también es misericordioso y desea que las personas se arrepientan y vivan. Como dice 2 Pedro 3:9, Dios “no quiere que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento”. Así, los juicios del pasado y la gracia ofrecida en el presente no son contradicciones, sino expresiones de un mismo Dios justo, santo y lleno de amor.

Walter Delgado


Dios sana a su tiempo

En tiempos donde la enfermedad y la aflicción parecen multiplicarse, el corazón humano vuelve a expresar la misma necesidad que se veía en l...